Como ya se dijo desde esta publicación, la llegada de Miguel Siciliano al gabinete provincial no es un cambio más, así como el dirigente peronista de la Capital no es un ministro más, y las repercusiones ya hacen temblar al Panal y sacudir al Palacio 6 de Julio, así como a la sede del PJ Córdoba en el Bv. San Juan.
Dicen los que dicen conocer la interna del PJ que el encumbramiento de Siciliano le cayó mal a muchos, a algunos porque ven crecer a un competidor interno y a otros/as porque sienten amenazado su actual poder; y mientras señalan a Martín Llaryora como el artífice de movimientos que, más allá de la gestión, buscan cambiar el poder político en el PJ Córdoba, planifican acciones para que el nuevo ministro crezca desgastado, y por extensión también el gobernador.
Aunque suene duro imaginar que se puedan pensar acciones internas tendientes a desgastar a su propio gobierno, son fuertes los rumores que aseguran que creen que Miguel Siciliano es el nuevo hombre fuerte del peronismo de Córdoba, y que eso significa que irá por el poder político de Capital, lo que implicaría el ocaso de quienes hoy lo detentan.
Quienes aportan datos relatan sobre «movidas» en tal o cual «seccional», o «blindajes» en distintas áreas de gobierno provincial y el municipal «para que Siciliano no pueda avanzar en esos lugares».
Si bien el nuevo ministro desestima de plano cualquier tipo de diferencia política interna y, al contrario, muestra una concentración extrema en la cosa pública, ni él ni Llaryora serán ajenos a lo que parece ocurrir a sus espaldas, seguirán mostrando enfoque en la gestión y tratarán de evitar que la sangre llegue al río, y mucho más aún que tome estado público.
Mientras tanto el nuevo ministro continúa su despliegue sobre su territorio de gestión, que parece ser vasto y sin límites conocidos hasta el momento, sumando áreas y funcionarios, y según aseguran, con un pronto despliegue geográfico que tendrá una intensidad poco vista hasta el momento en ministros provinciales.

