El terrible caso que se investiga en el norte de la provincia de Córdoba por abuso y corrupción de menores, que devino en aparente enriquecimiento ilícito y mal uso de la política a través de designaciones indebidas, aparente malversación de fondos, uso de bienes públicos y tráfico de influencias, que desde la mirada política tiene como punta de iceberg al legislador Ramón «Cañito» Flores, viene teniendo un tratamiento periodístico y en algunos casos políticos, de profunda hipocresía y desmemoria de la historia de la Argentina y de Córdoba, de los últimos cuarenta años.
Un sector del periodismo y algunos políticos se refieren al caso «Cañito» Flores como un hecho aislado en tiempo y lugar, circunscribiendo el hecho solo a un momento político e ignorando, por un lado, que este tipo de situaciones son propias del sistema económico, legal, social y político en el que vivimos; pero además soslayando la historia del país y de Córdoba por lo menos desde el regreso de la democracia a la fecha.
Parece que muchos olvidan los ’80 y ’90, cuando en el país «reinó» un señor que se hacía besar un anillo y con una cohorte de funcionarios hacían gala de su «status social», como la histórica foto de la ministra María Julia Alsogaray envuelta en un tapado de piel.
Y los mismo olvidan lo que ocurrió en la provincia de Córdoba por la misma época: un banco público fundido, el intento de vender una cárcel, el asesinato de un senador provincial.
Y en todos los casos con cientos de relatos sobre malversación de fondos, uso de bienes públicos y tráfico de influencias, por citar algunos delitos, nunca investigados y menos comprobados. Y también con el enriquecimiento visible de muchos miembros de la política en sus tres poderes, al mismo tiempo que la notable mejora económica de quienes más tienen.
Entonces, está bien hablar de «Cañito» Flores, lo que no está bien es “olvidar”, soslayar, sólo acordarse de algunos casos y “olvidar” la inmensa mayoría, además de no decir cuál es el origen del mal, porque así no le están haciendo ningún favor a las víctimas ni a los cordobeses sino que hacen lo mismo de siempre, aprovecharse para beneficio propio.

