El gobernador y conductor del peronismo de Córdoba, Martín Llaryora, empieza a tener un panorama complicado hacia adentro de su partido, tanto desde el peronismo nacional como en los ramales cordobeses de algunos de estos sectores.
A nivel nacional hubo dos expresiones que llamaron la atención; por un lado el gobernador riojano, Ricardo Quintela, reclamándole que se sume al peronismo nacional, y por otro lado el senador José Mayans que, con más crudeza, le dijo: «Si es PJ no puede estar de acuerdo con Milei».
Esta frase vino a poner en palabras un rumor extendido, el del diálogo que el gobierno de Córdoba mantiene con el nacional por cuestiones de gestión, que para algunos puede traducirse como acuerdos políticos entre Llaryora y Milei.
El otro dato que agita al Panal es la información publicada hoy por Política Córdoba Verdad de que Natalia De la Sota tiene un hombre dedicado a «reclutar heridos de Llaryora en la provincia», lo que para muchos significa que la Diputada «está armando para jugar en Córdoba».
En este marco la situación del conductor del PJ cordobés, y su trazado de estrategias provinciales y nacionales, no es fácil porque se da cuenta de que no puede tomar decisiones solo y que si lo hace corre riesgos, que otros peronistas cordobeses que hoy lo acompañan más o menos solapadamente «salgan a armarle construcciones paralelas», restándoles puntos que no puede perder, y ahí anotan al delasotismo, al kirchnerismo y al mismísimo massismo que, si se abre la discusión, también querrá tener participación.
Sin contar que hay más peronistas cordobeses que hoy no están alineados en ningún sector, pero que conservan poder político en sus regiones y también pueden jugar roles que compliquen al gobernador.
Llaryora no la tiene fácil a la hora de tomar decisiones políticas y los tiempos comienzan a exigir definiciones.

