El Senador nacional y candidato a Gobernador de Córdoba, Luis Juez, al enterarse del diálogo que mantuvieron Martín Llaryora con Mauricio Macri, se refirió al candidato de Hacemos por Córdoba como «el enemigo», cuando en realidad sólo se trata de su adversario político.
Lo peligroso del juego semántico del senador es la gran diferencia de significado entre ambas palabras y, lo más grave, la connotación violenta que tiene la palabra «enemigo» siempre; algo que seguramente el candidato de Juntos por el Cambio no desconoce y sin embargo no tiene problemas en hacer este mal uso de términos.
En una época en que la política está mal conceptuada socialmente, pero, peor aún, en estos tiempos donde las diferencias políticas han llegado a extremos de que la Vicepresidenta de la nación sufrió un atentado a balazos por parte de un fanático político opositor, utilizar la palabra «enemigo» para referirse al candidato con quién compulsará en las elecciones es como mínimo temerario, aunque en realidad es peligroso al borde de lo demencial.
Luis Juez es un viejo político que, si no vivió, conoce por experiencias cercanas, todos las tuvieron en los comienzos de la democracia, lo que significó la violencia política en nuestro país y las terribles consecuencias de la última dictadura militar; Juez conoce en detalle lo que ocurrió en Argentina en la década del ’70 y cómo pasó lo que pasó; y precisamente por eso no debería obrar con semejante desprecio por la democracia y por la salud de la política argentina.
En estos tiempos los políticos, más que nadie, debieran ser los guardianes de la democracia que supimos conseguir y de alejarnos de cualquier violencia política, porque hoy empieza con un candidato tildando de «enemigo» al adversario, y mañana continúa con algún seguidor extremo haciendo lo mismo contra otro adversario, y luego llega una respuesta hasta que el enfrentamiento le da protagonismo a un desequilibrado que lo traduce en violencia física; no es descabellada la descripción, ya ocurrió en Buenos Aires, y si al atentado a balazos contra Cristina Fernández de Kirchner le hubiera seguido una respuesta de sus seguidores hoy estaríamos lamentando una situación que la absoluta mayoría de los argentinos no queremos; por eso no es descabellado, y Luis Juez lo sabe, o debería saberlo.
La discusión política es trascendental, pero el límite es la democracia y la vida, y con eso no se juega.
Luis Juez es un viejo político, quizás criado en viejas prácticas como las ya descriptas, que ya ha dado testimonio de su intolerancia en reiteradas ocasiones, con declaraciones públicas límites, con expresiones xenófobas contra los hinchas de su adversario deportivo, con su inapropiada conducta cuando fue embajador en Ecuador y se refirió en términos despectivos contra los ciudadanos de ese país al punto de ser expulsado, con sus insultos y amenazas a una mujer; debería reflexionar y darse cuenta que está a tiempo de corregirse, deberían aconsejarlo sus compañeros de ruta; de alguna manera debería parar con esa actitud.
Daniel Ponce
Periodista
Director de Política Córdoba

