Al gobernador de Córdoba Martín Llaryora la gestión no le está resultando facil, pero tampoco imposible, y ya encara la segunda parte de su mandato mostrando a propios y extraños que su gobernación no es una simple continuidad de las anteriores, que todas las condiciones a nivel provincial y nacional cambiaron y que a él le toca conducir un cambio generacional y cultural en la provincia, reconociendo lo heredado pero también marcando las diferencias con los anteriores gobiernos, en un contexto nacional adverso y hostil al tiempo que en un marco de cambios sociales desde la percepción de valores, impulsados a nivel nacional y con una fuerte incidencia en la provincia de Córdoba.
Por eso Llaryora insiste en destacar que estos dos años son propios y que tuvo que transitarlos sin los recursos económicos de otras épocas, con una impronta nacional de abandono hacia las provincias, lo que implicó un fuerte deterioro de temas cotidianos como las rutas, la educación o la salud, basados en radicales cambios en la concepción de valores, donde el discurso dominante fue el del individualismo y el abandono de lo social y del rol del Estado.
En ese contexto al gobernador de Córdoba le tocó reconstruir la forma de gobernar, con recursos propios y con la necesidad de dar la batalla por valores como la importancia del Estado como organizador de la vida en sociedad, la relevancia del trabajo junto a las fuerzas productivas locales y regionales para mantener viva la economía, las fuentes de trabajo y la vida cotidiana de los pueblos.
Martín Llaryora tiene por delante un reto más que importante, demostrar que la confrontación discursiva es más que eso, que los valores no se expresan solo en creencias sino en las cuestiones cotidianas que tienen que ver con la tarea diaria de gobierno y el máximo logro, el bienestar de la gente; y para eso se apoyará en su propia gestión, demostrada y probada en estos dos años tan diferentes en materia de gobierno que le tocó afrontar, y también en su equipo, que de a poco va logrando una identidad propia, con una imágen y una impronta más fiel al gobernador.

