Estar a favor o en contra de las Sociedades Anónimas Deportivas (SAD) no se trata sólo de una cuestión administrativa contable o de cómo manejar los números de un club; está muy bien que se busque una gestión sana de toda institución, pero un club, de fútbol o de cualquier otro deporte, en nuestro país cumple una función mucho más profunda que la de comprar o vender jugadores y asentarlos en un libro contable.
Los clubes en la Argentina son mucho más que una empresa, este tipo de instituciones en la mayoría de los casos nacieron como una necesidad social de los vecinos, en un barrio o en los pueblos de cada provincia, y es muy claro, sin ninguna intención de demonizar la actividad empresarial, que las empresas no nacen para eso; ninguna empresa debe tener la obligación de acompañar a los vecinos en su desarrollo y de cumplir con todas las funciones que cumplen los clubes.
Puede ser muy cierto que los grandes clubes de fútbol o de basquet se conviertan en unidades de negocios debido a la envergadura de operaciones financieras que manejan, y hay maneras de atender esa situación, pero no es menos cierto que eso no significa que por tal razón se deba cambiar la naturaleza de su existencia; y es por eso que el debate que se busca instalar, encabezado por los principales operadores de semejante negocio en nuestro país, Mauricio Macri a nivel nacional y Andrés Fassi desde Córdoba, resulta perverso porque no muestra las verdaderas intenciones, el beneficio financiero.
Mucho se ha dicho sobre el tema, hasta se han hechos películas, abundar sería redundante, lo que resta decir claramente es que quienes toman partido en esta cuestión están adoptando una posición política expresando lo que quieren hacer con la sociedad de la que forman parte esos clubes; todos los Macri y los Fassi de la Argentina pueden seguir adelante con sus negocios, como empresarios tienen derecho a hacerlo, pero los políticos tienen la obligación de velar por el pueblo que representan, el mismo que se quedará sin los clubes que no defiendan.
Un político que aboga por las SAD está defendiendo un negocio y atacando a una institución social de nuestro país.

