Cristina Fernández de Kirchner fue notificada este martes por la tarde de la prisión domiciliaria en su casa y ni siquiera tendrá la obligación de concurrir a los tribunales de Comodoro Py. La notificación a la ex presidenta fue por videollamada y fijó el inicio formal del arresto en el departamento que ella misma presentó como domicilio.
La decisión judicial volvió a poner en la cima de la opinión pública a la líder de un sector del peronismo convirtiéndola nuevamente en la referente número uno de la oposición política al presidente Javier Milei, y por ende desplazando de esa posibilidad a todo el arco político, incluyendo el peronismo y los sectores internos que habían comenzado a disputarle ese sitial.
La primera consecuencia de eso es que, pese a que Cristina no podrá estar presente, el peronismo mantiene en pie la movilización convocada para este miércoles bajo la consigna “Cristina libre”, y que se estima en por lo menos un millón de personas provenientes de todo el país, una movilización con pocos precedentes en la República Argentina, en rigor de verdad el más recordado es el 17 de octubre de 1945 que, aunque muy inferior a ese número, marcó el inicio del peronismo como movimiento nacional y el mito que lo envuelve desde esa fecha.
Además, la fijación de la prisión domiciliaria en plena ciudad de Buenos Aires convierte al lugar en la «nueva Puerta de Hierro», en recuerdo de la mítica quinta madrileña desde donde Juan Domingo Perón, en el exilio, condujo los designios políticos de la Argentina, siendo el escenario de innumerables reuniones con dirigentes que concurrían a tomar nota de las decisiones del conductor del peronismo.
De esta manera, y más allá de las reales responsabilidades penales que le correspondan a Cristina Fernández de Kirchner por los delitos de los que se la acusó, y que derivaron en la sanción de una justicia debilitada y sospechada de parcialidades; estas decisiones, para muchos fruto del profundo odio de un sector de la política argentina hacia el Movimiento nacional Justicialista, y lo que representa como defensor de los más humildes y los trabajadores, terminan convirtiendo a una dirigente que se encontraba en el final de su carrera y con un notable descenso negativo en la opinión pública, nuevamente en símbolo de una expresión política que resurge desde hace ochenta años en la Argentina, con consecuencias todavía no del todo calculadas.
Aunque algunos imaginan también escenarios donde la reconstrucción de este nuevo «mito» fue calculada, para evitar el surgimiento de nuevos dirigentes.
El tiempo dirá.

