La implementación del sistema de estacionamiento medido en Villa Allende viene a exponer una fuerte situación de enfrentamiento dialéctico entre la intendencia que encabeza Pablo Cornet con vecinos y comerciantes.
De esta manera, lo que en principio se presentó como una medida para ordenar el tránsito y modernizar la ciudad terminó derivando en un conflicto ya permanente que tiene impacto económico, social e institucional que desnuda una importante confictividad en el enfoque integral de políticas públicas locales.
Mientras muchos vecinos hacen oir su voz denunciando medidas poco participativas y sin diagnóstico situacional profundo; con el resultado de un plan desconectado de la realidad cotidiana de comerciantes y vecinos, para la gestión municipal sólo se trata de apenas un puñado de opositores que, sin fundamentos reales, se enfrentan a toda gestión implementada por Cornet y su Secretario de Gobierno, Felipe Crespo.
Lo cierto es que en Villa Allende hay una clara diferencia entre los actores locales, con intereses diversos que solo llevan a escenarios de conflictos permanentes, lo que para algunos comienza a generar una crisis comercial y social plasmada en lo que denuncian como una «militarización del edificio municipal durante una marcha de reclamo, símbolo de la ruptura entre ciudadanía y gobierno».
El punto comienza a parecer sin retorno, mientras los referentes sociales denuncian un esquema rígido donde las decisiones se toman desde arriba y se espera que la población se adapte, cosechando rechazo y desconfianza con una distancia profunda entre el discurso oficial y la comunidad; desde el oficialismo gobernante se insiste en la caracterización de esos vecinos como actores sociales radicalizados.
En definitiva, el estacionamiento medido se convierte en el ejemplo de una diferencia social y política muy fuerte en Villa AAllende que sólo implica hasta el momento perjuicios para la gran mayoría, al menos a juzgar por lo que dicen los vecinos.

