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Mar 2 junio 2026
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El «debate cultural» y la verdad de la milanesa

Un insulto alevoso y un falso enojo contra el gobernador Martín Llaryora, que circula en redes sociales, desnuda por estos días la verdad de lo que se denomina «batalla cultural», cuando solo se trata de intentar desacreditar lo que no se comparte, pero de la peor manera: con agresión. 

«Llaryora la concha de tu madre, como no te da un cancer de orto, pelotudo», fueron los términos elegidos por uno de los tantos «haters» que despliega el ejército del presidente Milei en las redes, comandados por el tristemente célebre «gordo Dan», un personaje del inframundo digital, abanderado de ese estilo desagradable e impostado que se instaló en las redes sociales, cargando contra todo lo que no representa una pretendida «pureza» ideológica que ha sido mancillada reiteradamente por sus mismos líderes políticos que no dudaron en apelar a cualquier bajeza para imponer sus intereses. 

El «furibundo» agresor del gobernador pretende desnaturalizar aspectos de la cultura cordobesa, intentando confrontarlos con otros valores culturales, desnudando que la pretendida «batalla cultural» es solo una expresión de un subgrupo social que busca adueñarse de la verdad. 

Pero además este ataque también pone en evidencia que este sector sale a agredir cuando siente que no contiene determinadas situaciones sociales, y entonces las define como opositoras; en este caso el Cuarteto cordobés, un sentimiento provincial convertido en acervo que deja afuera contenidos políticos generados en Buenos Aires. 

Y por último el debate que generó esta repudiable actitud también vino a iluminar otro aspecto de este «ejercito de haters», identificados con el pretencioso nombre de las fuerzas del cielo, integrado por jóvenes de dudoso curriculum, dedicados exclusivamente a la generación de este tipo de contenidos como su único «trabajo», muy alejados del supuesto seguidor o «fan» de una idea política o de un dirigente, que puede debatir en las redes sociales en sus tiempos libres; en este caso se trata de auténticos «profesionales de las redes sociales” que «trabajan», y cobran por eso. 

El «debate cultural» recién comienza, porque es verdad que Argentina discute dos modelos sociales, pero no será con gritos e insultos como se resolverá. 

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