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Dom 19 abril 2026
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El cordobesismo y la necesidad de aplastar al adversario

Martín Llaryora sabe que tiene por delante dos elecciones trascendentales para su futuro político y el de su proyecto en construcción, el cordobesismo.

El gobernador cordobés llegó al Centro Cívico de la provincia arriba de un caballo triunfador que lo había hecho calcular que, sin detener el envión, podía seguir rumbo a la Casa Rosada y, sin frenos, llegar en 2027, y por qué no antes si fuera necesario.

Sin embargo, los acontecimientos le están mostrando otra realidad desde diciembre pasado; la Capital Federal no queda tan cerca, está rodeada de la provincia de Buenos Aires, las otras provincias también cuentan, y en realidad lo conseguido en Córdoba no era tan absoluto como parecía a priori.

El mentado recambio no es tan directo, simple ni instantáneo, deberán darse varios pasos previos, y transcurrirá tiempo en ese devenir, antes de que el gobernador de Córdoba logré ser efectivamente el máximo e indiscutido líder del peronismo de Córdoba, y recién entonces podrá retomar sus proyectos nacionales; esta fue una realidad que llegó de a poco a los principales dirigentes del llaryorismo hasta que se hizo evidente, y con ella la necesidad de, primero, consolidar Córdoba.

Por eso ahora el cordobesismo sabe que su principal tarea es asegurar 2027 y que para eso primero está 2025, donde el resultado debería tener la contundencia que comience a darle ciertas tranquilidades que hoy no tiene, pero que están en construcción.

Martín Llaryora y su equipo trabajan diariamente de manera incansable, en todo el territorio provincial, en el armado que le permita ganar la eleción del año que viene, no sólo para conseguir Diputados sino para demostrar que su fuerza es la más importante y que lo seguirá siendo en 2027; saben que tienen que imponerse sobre La Libertad Avanza pero también que tienen que superar, y si es posible aniquilar, en términos políticos, a sus adversarios locales, Rodrigo De Loredo y Luis Juez.

Frente interno y externo complicados, pero no imposibles, en mejores condiciones pero con adversarios que harán lo imposible para enfrentarlo y ganarlo porque también saben que están ante una oportunidad histórica. 

El que gane se queda con el futuro. 

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