En este nuevo período legislativo que comenzó el pasado 10 de diciembre Córdoba tiene una oposición política que aparece con mucha fuerza por su capacidad de estridencia, sin embargo hasta el momento no ha generado mucho más que eso.
Las principales fuerzas opositoras en la legislatura de Córdoba, el radicalismo y el juecismo, que no siempre funcionan como el poco claro interbloque buscado, se manejan con dos ejes diferenciados; en realidad los radicales, salvando las diferencias individuales, más que un eje parecen tener como principal objetivo el reclamo de sesión semanal, y aunque no presenten demasiadas propuestas atinentes a su función hacen escuchar su grito todos los miércoles; en el caso de los legisladores del Frente Cívico la orden de Luis Juez, su conductor, es el de cuestionar al gobierno provincial con el control de sus finanzas, por eso el esmero en el Tribunal de Cuentas y el celo de sus legisladores por conocer cómo funciona la gestión Llaryora; ninguno de los dos mira otros temas, como si no quisieran.
Son varios los temas que los legisladores opositores podrían cuestionarle a Martín Llaryora, y sin embargo parecen no darse cuenta, algunos han sido abordados débilmente por el resto de los bloque opositores, pero no recibieron mucha atención de los opositores mayoritarios; y además en Córdoba hay otros temas, «de pasillo», «vox populis», de los que tampoco se hace eco ninguno de los legisladores que los miércoles parece desgañitarse para pedir sesión; por ejemplo la designación de un asesor provincial «con nivel Ministro», un tema sobre el que Política Córdoba verdad informó hace una semana y sobre la que nadie dijo una palabra, ni siquiera con la confirmación de la publicación del Decreto publicado, que varios legisladores tienen en sus archivos.
Si esto hubiera ocurrido en el gobierno nacional hoy sería un escándalo sin precedentes.
Quizás tiene razón cierta oposición cuando dicen que las más de dos décadas transcurridas con un mismo gobierno son muchas y han generado ciertas prácticas que ya parecen de manual, con un oficialismo gobernando como mejor puede y una oposición haciendo oposición también como mejor puede, que no es toda la oposición que debería hacer, aunque nadie sabe por qué, o mejor dicho si se sabe pero nadie lo quiere mencionar, y entonces hay que volver a los «secretos a voces» que transitan los pasillos de la política», sobre todo los de la Legislatura, donde ciertos fantasmas parecen haberse mudado desde el histórico edificio de Rivera Indarte y Deán Funes.

