El líder de la Unión Cívica Radical de Córdoba, Rodrigo De Loredo, decidió avanzar contra la gestión de Martín Llaryora con fuerte ataque mediático, campaña en redes sociales y denuncia en la Justicia; el objetivo es dañar la imagen del gobernador, posicionarse como el principal opositor en la disputa que mantiene con Luis Juez por el espacio de Juntos por el Cambio y conseguir una candidatura a Diputado nacional, en La Libertad Avanza o con la boleta de la UCR, si no tiene opciones.
El tema es que en su arremetida, algunos dicen que enceguecido porque se le acaban los tiempos y teme quedarse sin banca, generó reacciones con consecuencias que pueden resultar más graves que su ataque.
La primera vino del Secretario General de la Gobernación, David Consalvi, quien en Hernando recordó que, como ese, hay muchos municipios con Intendentes radicales que sacan un 0,5% del presupuesto de la ciudad para dárselo a su partido, en clara flagrancia con la reducción de impuestos y la austeridad que se declama.
Este dato solapado, estalló a partir de la difusión de Política Córdoba Verdad y no son pocos los mandatarios que le recriminan a De Loredo, y a Gustavo Botasso, el ex Intendente que generó esa reacción, porque se ven obligados a rendir cuentas a sus vecinos.
Los planteos que le hacen a De Loredo: por un lado, cómo van a seguir aportando al partido y al sostenimiento de campañas si pone en evidencia un tema que había que mantener silenciado.
Y lo otro es que la difusión de que los Intendentes radicales usan los impuestos de los vecinos para fondear la campaña de De Loredo le pega en el corazón del discurso libertario; lo que le provocaría caerse de esa lista.
Para más, la virulencia del conductor radical está generando un cisma en su bloque en la legislatura porque son varios los disconformes con estas decisiones que sólo les provoca perjuicios.
La pregunta final es si De Loredo ordenará a sus intendentes que bajen la presión tributaria de sus vecinos derogando esas ordenanzas.
Lo que está claro es que todos entienden su desesperación política pero nadie el rumbo al que está conduciendo al radicalismo.

