Estas elecciones de medio término donde solamente se eligen diputados nacionales para Córdoba están dejando consecuencias impensadas, más o menos graves según quién las mire, pero definitivamente con implicancias mucho más profundas de lo que imaginaron sus propios protagonistas.
Estos comicios están resultando para el peronismo de Córdoba una suerte de elección interna donde pugnan dos modelos y dos sectores que desde hace veinticinco años venían siendo socios estratégicos pero que hoy parece que comienzan a tomar caminos sin posibilidades de confluencia, aunque nada es imposible en el peronismo y la esperanza de la mayoría de llegar juntos a 2027 permanece intacta, lo seguro es que, si eso ocurre, será con otros términos y condiciones.
En primer lugar, ni la misma Natalia De la Sota tenía una dimensión completa del peso de su apellido, «nos dicen delasotistas para bajarnos el precio, nosotros somos peronistas» le dijo un experimentado dirigente del peronismo delasotista a Política Córdoba Verdad, graficando lo que para ellos los diferencia del cordobesismo en Provincias Unidas, al que rotulan como «el nuevo Juntos por el Cambio», y cierran diciendo «nos quisieron jubilar y estamos más vigentes que nunca».
Del otro lado, del Panal, creen que la situación no será tan grave, que las coincidencias que no pudieron encontrarse en este año se conseguirán para 2027, «ya habrá tiempo para el diálogo y para coincidir en que lo más importante es Córdoba», aseguran.
Sin embargo, en el medio hay dos cosas, en primer lugar, matices insalvables que, aseguran, diferenciarán claramente al delasotismo del cordobesismo en el próximo congreso; y además una militancia peronista ansiosa de peronismo, un sentimiento que parece haberse despertado en esta campaña y que promete no volver a aletargarse.
Y por último hay también un peronismo nacional mirando atentamente a lo que pasa con el peronismo de Córdoba, y preguntando a cuál hay que acompañar, porque lo van a necesitar para 2027.

