Ayer se conoció el dato de inflación relativo a abril: 2,6%. La primera desaceleración luego de 11 meses de crecimiento del índice, un alivio para la gestión nacional en una de las variables más sensibles de su gestión y de su contrato electoral.
Sin embargo, la distancia entre los números oficiales y lo que se percibe en la vida cotidiana, sumada al escándalo que desató la renuncia de Lavagna por la falta de voluntad política para actualizar la forma de monitorear la variación de precios, volvió a poner en discusión la credibilidad del Indec como termómetro de la inflación real.
El último dato relevado por Consultora Delfos refuerza ese diagnóstico: el 72,3% de los argentinos no cree en el dato de inflación difundido por el organismo.
En síntesis, ya no alcanza con que la inflación empiece con 0, 1 o 2. El desafío pasa también por que la gente vuelva a creer en el indicador y, principalmente, que perciba en su vida cotidiana la desaceleración.

