Los legisladores cordobeses Gabriela Brouwer de Koning y Rodrigo De Loredo parecen haberse quedado sin amigos, a estas horas, si se guían por ciertos medios de comunicación parecen ser las personas más detestables del universo, y los más condenables merecedores de la pena capital.
Políticos de Juntos por el Cambio, radicales incluídos, prensa escrita, radial, televisiva y de medios electrónicos disparan una y otra vez dardos envenenados contra los dos legisladores radicales cordobeses que parece que acaban de cometer el pecado original.
Los desprevenidos que no entienden lo que pasa y consultan se ven sorprendidos por tanta agresividad contra estos dos jovenes dirigentes políticos que hasta hace pocos días eran los paladines del triunfo de Juntos por el Cambio en Córdoba, la esperanza, las nuevas caras, el recambio generacional, la bocanada de aire fresco de una alianza a la que los mismos que hoy los agreden señalaban como anquilosada y atada a viejos dirigentes eternos perdedores contra el peronismo mediterraneo.
Sin embargo bastó que la Diputada Brouwer de Koning faltará a una sesión de la Cámara, por razones particulares que había anunciado desde hace mucho tiempo, y que todos sus pares conocían, para que les cayera la horda de las principales plumas del periodismo cordobés y sus pares partidarios y aliancistas.
Porque faltó un voto para torcer la voluntad del oficialismo en la Cámara de Diputados en el tratamiento de Bienes Personales se carga contra ellos como si se hubiese perdido la batalla final y los jovenes radicales que hasta hace poco eran los nuevos ídolos hoy fueran culpables poco menos que de genocidio.
Claramente esto ocurre por dos cosas, primero, evidentemente el posicionamiento de Rodrigo De Loredo, alineado con Martín Lousteau, y negandose a someterse a las voluntades históricas de Mario Negri y compañía, cayó mucho más pesado de lo que políticos y periodistas casi panfletarios quisieron admitirlo, y a pesar de que a partir del acuerdo alcanzado por Gerardo Morales ya se acordó que en los primeros meses del año que viene se volverá a un sólo bloque en Diputados, evidentemente estaban agazapados aguardando la primera oportunidad para cobrarse «la afrenta» del joven dirigente.
Y la segunda cuestión es que quienes desatan este apaleamiento en plaza pública contra los diputados cordobeses evidentemente están viviendo la política como una auténtica guerra donde los que no piensan o accionan como ellos son enemigos que deben morir, aniquilados de la faz de la tierra, evidentemente están convencidos de que todo debe hacerse tal y como ellos dicen porque son los únicos dueños de la única verdad.
Una diputada faltó a una sesión, si, no fue la única y además todos sabían que estaría ausente, por eso no se entiende semejante desmedida reacción, a menos que quienes la impulsan esten verdaderamente desequilibrados.
Finalmente esta situación termina demostrando también lo lejos que está el verdadero sentimiento de unidad en Juntos por el Cambio, y en el radicalismo de Córdoba, y que muchos de los que la declaman en realidad sólo les interesan si los que dominan son ellos.

