La campaña triguera argentina alcanzó un volumen inédito de 27,7 millones de toneladas, impulsada por un clima excepcional y una reducción en los derechos de exportación. Sin embargo, el sector enfrenta «una de cal y una de arena»: los bajos precios internacionales y el aumento de los costos internos han llevado la rentabilidad a sus niveles más bajos en cinco años.
El reciente informe de campaña del Instituto de Estudios Económicos y Negociaciones Internacionales (IEEyNI) de la Sociedad Rural Argentina revela un panorama de contrastes para el cereal.
Por un lado, el éxito agronómico es indiscutible: la producción batió todos los récords históricos, consolidando una recuperación tras dos ciclos previos de bajos rendimientos. Este resultado fue posible gracias a una disponibilidad óptima de agua y luz, sumada a un aumento del área de siembra de 200.000 hectáreas, incentivado por la baja de los derechos de exportación (DEX) del 9% al 7,5% anunciada en mayo de 2025.
A pesar del volumen récord, los resultados económicos para el productor son magros. El mercado mundial de trigo se encuentra sobreofertado, con una relación stock-uso global que roza el 34%, la más alta desde 2023. Esta abundancia de granos ha «desinflado» los precios: en Chicago, la tonelada cotiza cerca de los u$s 186, un 55% por debajo de los máximos alcanzados durante el inicio del conflicto entre Rusia y Ucrania.
A nivel financiero, la incertidumbre sobre las tasas de interés de la FED en Estados Unidos desincentiva la inversión en commodities, manteniendo la presión bajista sobre el grano. Además, una posible resolución del conflicto en Ucrania —país que junto a Rusia representa el 25% del comercio global— podría normalizar aún más la oferta, eliminando la prima de riesgo por incertidumbre que aún persiste en el mercado.

